Salud

 


     El dolor emocional es inevitable, el sufrimiento es opcional.


     Desde que nace una persona puede recibir ataques que van a romperle literalmente el alma, por el motivo, razón o justificación que se quiera.  En el momento del suceso el dolor emocional es inevitable.


     Cuando el alma se fragmenta y se rompe, deja una huella, una marca, una cicatriz que nos va hablar de la historia de esa persona, rastreable a través de su cuerpo emocional y de su cuerpo físico.


     Si a lo largo de la vida la persona se acuerda de esos momentos de dolor y sufre, es porque quiere. El dolor no pudo evitarlo, fue un impacto y lo sintió. Pero seguir sufriendo por un dolor que ya fue, que sintió hace unas horas o ayer o hace diez años, es completamente inútil y además peligroso.


     Es inútil porque no sirve en absoluto para nada. Metafóricamente si una pedrada nos abrió el alma a los tres años y la herida sigue abierta por dentro, aunque parezca cicatrizada por fuera, acordarme de cómo recibí la pedrada y quién me la aventó no cicatriza mi herida y además es peligroso. Porque hoy en día sabemos con certeza que el cerebro no reconoce la diferencia entre lo que ve en su medio ambiente y lo que recuerda, porque las mismas redes neuronales específicas se disparan. Por lo tanto, recordar el pasado doloroso para llegar al momento en donde se originó el daño, trae en realidad más daño que beneficio. Es decir, el cerebro no distingue si estamos viviendo el dolor de un abandono emocional o si sólo nos estamos acordando de cuando nos dejaron. Las mismas reacciones químicas se producen si acabo de perder a un hijo, que si me acuerdo de cuando lo perdí hace veinte años. Sufrimos igual.

 

   Hay una sustancia química para cada estado emocional que experimentamos. Hay sustancias químicas para el enojo y para la tristeza, para la lujuria y la victimización.

 

     El problema es que nuestro cuerpo se acostumbra a la sensación que le produce la segregación de esa sustancia química y se  vuelve adicto a ella. Aclaro, nuestro cuerpo. Entonces por mucho que no nos guste deprimirnos, si nuestro cuerpo se vuelve adicto a esa sustancia, nuestro inconciente le va a ayudar a ponerse en la situación que produce dicha emoción. Aunque concientemente digamos que no nos gusta sentir eso.

 

     Tome conciencia de sus circunstancias y combata sus adicciones emocionales (ira, depresión, tristeza, victimización, sadismo, masoquismo, etc.) cortando de tajo los pensamientos que lo llevan a “sentir” eso. Sea lo que fuere a lo que su cuerpo se haya hecho adicto.

 

     Recordar los sucesos dolorosos que originan nuestros problemas emocionales, no los resuelve. Conocer el origen y la anécdota no resuelve nuestros problemas y corremos el riesgo de volvernos adictos a las emociones negativas que recreamos con los recuerdos. Por ejemplo, saber que mi problema de hígado viene del miedo y la inseguridad que me provocaron el abandono de mi padre en mi más tierna infancia, no va a curarme el hígado ni a volverme segura de la noche a la mañana, pero sí me puede hacer adicta a la victimización (todo me pasa a mí, nadie me quiere, siempre me abandonan, todos me dejan, etc.)

 

     Perdonar a mi padre y a mi misma, tampoco va a regenerarme el hígado ni a quitarme la inseguridad. Lo único que puede curarme es recuperar la energía de mi alma que se perdió cuando se fragmentó en ese momento.

    

     El perdón tampoco funciona porque parte de la culpa. Si yo perdono a alguien es porque primero lo declaré culpable. Emití un juicio para justificar mi infelicidad.

    

     La culpa es una energía negativa que sólo sirve para enfermar a la gente. La culpa es una herida en el alma. Cicatrícela, cauterícela, ciérrela con amor y con luz, con el ejercicio de la sonrisa. La culpa es a fin de cuentas una creencia equivocada como cualquier otra. No culpe a nadie ni se sienta culpable. Asuma su responsabilidad y deje que cada quién asuma la que le corresponde. No juzgue, no culpe a nadie y mucho menos a usted mismo.

 

     Lo que hace por usted el ejercicio de la sonrisa es activar las redes neuronales que lo ponen en una frecuencia vibratoria positiva, para que su cuerpo se acostumbre a las sustancias químicas que se segregan en este estado de gracia. El amor por usted mismo le devuelve la energía que perdió el alma cuando se fragmentó: su seguridad, su confianza, su entereza, su lealtad, etc. Pero no se preocupe, no tiene que saber qué fue lo qué perdió para recuperarlo, sólo haga el ejercicio y su alma sabrá perfectamente qué tiene que recuperar. Su alma es Dios en usted, por eso es más sabia que nadie. Ella sabe, sólo sonría e ilumínese.

 

     Sonría y al hacerlo sienta desde su corazón amor incondicional. El amor incondicional es ese amor por el cual uno daría la vida sin pensarlo. Sienta ese amor y quédese sólo con el sentimiento, con ese sentimiento de plenitud y un poco como de embriaguez y felicidad que es el amor. Ahora siéntalo hacia usted mismo. Y mientras siente ese amor, encienda una luz que nazca desde el centro de su alma (el alma se encuentra energéticamente atrás del corazón), como si tuviera un foco en el corazón y se hubiera encendido al momento que sonrió y sintió amor. Extienda la luz a todo el cuerpo iluminándolo y entibiándolo, que es la temperatura perfecta del cuerpo cuando estamos felices.

     Haga todo esto mientras pronuncia la palabra amar. Puede ser en voz baja, pero no repita la palabra en su cabeza, sino como si el sonido amar saliera de su corazón, como si en el corazón tuviera un micrófono y ahí se escuchara y se percibiera la vibración de la palabra amar.


      Si usted está enfermo físicamente, complete el ejercicio de la siguiente forma:     


    Cuando sienta la tibieza de la luz en el alma, extiéndala iluminando primero el sistema óseo de su cuerpo, luego el sistema circulatorio, el sistema respiratorio, el sistema nervioso, el sistema endocrino, el sistema digestivo, el sistema excretor, el sistema reproductor y el sistema linfático. Luego ilumine y entibie músculos, ligamentos y tendones. A continuación piel, pelo y uñas.


     Y por último la luz del alma ilumina y entibia su vista, oído, gusto, olfato y tacto.


     Terminar con otra sonrisa, amor en el corazón, amar y luz en el alma y tibieza en el cuerpo.


     Si está enfermo, pregúntese de dónde viene esta afectación. Hay libros como diccionarios que enumeran las enfermedades según su origen psicosomático. Si usted padece cualquier enfermedad tómelo como una oportunidad para ver adentro de usted. No se angustie ni se desespere, si usted lo creó también lo puede deshacer. Sane su alma y le aseguro que su cuerpo físico sanará también.


      Si tiene problemas de salud física, haga el mismo ejercicio de la sonrisa, pero cuando se ilumine por dentro, use su luz interior para curar su afección. Por ejemplo, si tiene catarro, imagine que su luz empuja al virus de la gripe fuera de usted. Haga lo mismo con cualquier infección, enfermedad o padecimiento incluyendo cáncer. Siempre que mande algo de su cuerpo hacia afuera, piense que debe de ir a donde no dañe a nadie. Si tiene una herida o cortada, use su luz para cerrarla mientras hace el ejercicio y cierre siempre de adentro hacia fuera. Haga lo mismo si lo acaban de operar o si tuvo un accidente. Cierre todo con la luz que sale de su alma/corazón de adentro hacia fuera.


     Si usted se ilumina por dentro con el ejercicio que le estoy dando, la energía de su alma va a curar cualquier dolencia que padezca.


        Todo, absolutamente todo lo que nos sucede a lo largo de nuestra vida es reflejo y resultado de lo que le sucede a nuestra alma. Pase lo que pase tenemos que buscar la respuesta en nuestra alma, dentro de nosotros. Hasta cuando nos sucede un accidente. Porque los accidente nos ocurren cuando  no estamos bien, cuando estamos fragmentados, cuando no somos felices. Si usted aprende a unificar la energía de su alma, manteniéndose feliz y contento e iluminado TODO el tiempo, sólo le van a suceder cosas buenas.

 

     En el caso de las adicciones a drogas duras (incluyendo el alcohol por supuesto), tiene que acudir a un médico y seguramente lo van a remitir a una clínica, porque el proceso de desintoxicación es muy difícil lograrlo sólo. La dependencia de su cuerpo a este tipo de drogas tiene que vencerse supervisado por personal médico. Este ejercicio es sólo un apoyo para su terapia de desintoxicación. Haga el ejercicio de la sonrisa e imagine a su adicción como una posesión, como el engendro de demonio que entra a su casa a destruir todo. Su cuerpo es su capullo, su casa, empuje con su luz interna, con la energía de su alma, con su Dios interno, su adicción como si fuera un demonio, un ser indeseable que quiere vivir en su casa, hasta que sienta que no está en usted. Hasta que lo corra de su alma. Recuerde siempre mandar las energías negativas a donde no dañen a nadie.


      Cada vez que sienta angustia, desesperación, vacío, etc. recurra al ejercicio de la sonrisa de luz y recupere su alegría. Ilumínese. Después de desintoxicarse recupere la energía de su alma, sane su herida, recupere su esencia. Esto es lo único que lo va a sanar de verdad. Si no sana las grietas de su alma, si no sella los huecos que originan su dolor, sus problemas van a regresar. Y el único sellador garantizado es de marca “amor”. Aprenda a quererse a usted mismo con el ejercicio de la sonrisa.


     Así como las redes neuronales no reconocen si la emoción que se está sintiendo es por algo que nos está pasando en este preciso instante o si estamos sólo recordando el suceso, de la misma manera el cerebro no distingue si usted se está riendo de verdad o sólo está fingiendo la risa. Los beneficios de la risa son los mismos. Hágalo, si no lo cree lo único que puede perder es pasar un buen momento. Arriesgue una sonrisa.


     Busque películas, libros, música, fotos, etc. que lo hagan reír.


                                 


    Entrevista realizada por Víctor-M. Amela a Ghislaine Lanctot, ex médica y autora del libro "La mafia médica", en el que cuestiona el sistema médico actual.


- Nací en Montreal (Canadá). Fui médico y hoy soy Ghislaine Lactot médico del alma. Me he divorciado dos veces y tengo cuatro hijos (de 37 a 28 años) y cuatro nietos.


-¿Política? ¡Soberanía individual! Cree en ti: eres divino y lo has olvidado. La medicina actual fomenta la enfermedad, no la salud: lo denuncio en mi libro “La mafia médica”. 


Estoy griposo, ¿qué me receta?


 –Nada. 


¿Ni un poquito de Frenadol?


 -¿Para qué? ¿Para tapar síntomas? No. ¡Atienda a sus síntomas, escúchese! Y su alma le dará la receta. 


Pero, ¿me meto en la cama o no?


 –Pregúnteselo usted mismo, y haga lo que crea que le conviene más. ¡Crea en usted!


 ¡A los virus les da igual lo que yo crea!


 –Ah, ya veo: elige usted el papel de víctima. Su actitud es: “He pillado una gripe. Soy víctima de un virus.   ¡Necesito medicinas!”.


Pues sí, como todos...


–Pues allá usted... Mi actitud sería: “Me he regalado una gripe. ¡Soy la única responsable! Debo cuidarme un poco”. Y me metería en cama, reposaría, me relajaría, meditaría en cómo me he maltratado últimamente...


 ¿Se ha “regalado” una gripe, dice?


–¡Sí! Tu enfermedad viene de ti, no viene de fuera. La enfermedad es un regalo que tú te haces para encontrarte contigo mismo. 


Pero nadie desea una enfermedad...


–Tu enfermedad refleja una desarmonía interior, en tu alma. Tu enfermedad es tu aliada, te señala que mires en tu alma, a ver qué te sucede. ¡Dale las gracias: te brinda la ocasión de hacer las paces contigo mismo! 


Quizá sea más práctica una pastillita...


–¿Hacer la guerra a la enfermedad? Eso propone la medicina actual, y las guerras matan, traen siempre muertes. 


No me dirá ahora que la medicina mata...


–¡Un tercio de las personas hospitalizadas lo son por efectos medicamentosos! En Estados Unidos, 700.000 personas mueren al año a causa de efectos secundarios de medicamentos y de tratamientos hospitalarios. 


Morirían igual sin medicamentos, oiga.


–No. No si cambiamos el enfoque: la medicina actual ha olvidado la salud, ¡es una medicina de enfermedad y de muerte! No es una medicina de salud y de vida. 


¿Medicina de enfermedad? Acláremelo...


–En la antigua China, un acupuntor era despedido si su paciente enfermaba. O sea, ¡el médico cuidaba de la salud! ¿Ve? Toda nuestra medicina es, pues, el fracaso total. 


Prefiere medicinas alternativas, pues...


 –Respetan más el organismo que la medicina industrial, desde luego: homeopatía (¡será la medicina del siglo XXI! )acupuntura, fitoterapia, reflexoterapia, mesoterapia... la practica del yoga.. la meditación .. Son más baratas... y menos peligrosas. 


Pero no te salvan de un cáncer.


–¡Dígale eso a la medicina convencional! ¿Te salva ella de un cáncer?


Puede hacerlo, sí.


 –Lo que hará seguro es envenenarte con cócteles químicos, quemarte con radiaciones, mutilarte con extirpaciones... ¡Y, encima, cada día aparecen más cánceres! ¿Por qué? Porque la gente vive olvidando su alma (que es divina): la paz de tu alma será tu salud, porque tu cuerpo es el reflejo material de tu alma. Si te reencuentras con tu alma, si la pacificas..., ¡no habrá cáncer!


 Palabras bonitas, pero si un hijo suyo tuviese un cáncer, ¿qué haría usted?


–Alimentaría su fe en sí mismo: eso fortalece el sistema inmunitario, lo que aleja al cáncer. ¡El miedo es el peor enemigo! El miedo mina tus autodefensas. ¡Nada de miedo, nada de sumisión al cáncer! Tranquilidad, convicción, delicadeza, terapias suaves...


 Perdone, pero lo más sensato es acudir a un oncólogo, a un médico especialista.


–La medicina convencional debiera ser sólo un último recurso, y muy extremo... Y si tu alma está en paz, eso jamás te hará falta.


 Bien, pues tengamos el alma pacificada... pero, por si acaso, pongámonos vacunas.


–¡No! Las fabrican con células ováricas de hámster cancerizadas para multiplicarlas y cultivarlas en un suero de ternera estabilizado con aluminio (eso la de la hepatitis B, con su virus): ¿inyectaría usted eso a sus hijos?


 Les he hecho inyectar ya varias...


–Y yo a los míos: fui médico, y por entonces no sabía aún todo lo que hoy sé... ¡Pero hoy mis hijos no vacunan ya a sus hijos!


 Yo creo que seguiré vacunándolos...


–¿Por qué? La medicina actual mata moscas a martillazos: no siempre muere la mosca, pero siempre rompe la mesa de cristal. Son tantos los dañinos efectos secundarios... 


¿Por qué abominó usted de la medicina?


–Yo me hice médico para ayudar. Me dediqué a la flebología, a las varices. Llegué a tener varias clínicas. Pero fui dándome cuenta del poder mafioso de la industria médica, que atenta contra nuestra salud, ¡que vive a costa de que estemos enfermos! Lo denuncié... y me echaron del Colegio de Médicos. 


O sea, ya no puede usted recetar...


–¡Mejor! Los medicamentos están fabricados pensando en la lógica industrial del máximo beneficio económico, y no pensando en nuestra salud. Al revés: si estamos enfermos, ¡la mafia médica sigue ganando dinero!


 ¿Y a quiénes tilda de “mafia médica”?


–A la Organización Mundial de la Salud (OMS), a las multinacionales farmacéuticas que la financian, a los gobiernos obedientes, a hospitales y a médicos (muchos por ignorancia)... ¿Y qué hay detrás? ¡El dinero!


 No escoge usted enemigos pequeños...


–Lo sé, pero si me hubiera callado, hubiese enfermado y hoy estaría ya muerta. 


¿Cuál ha sido su última enfermedad?


–Hace dos días, ja, ja... ¡una diarrea! 


Vaya: ¿qué reflejaba eso de su alma?


–Oh, no sé, no lo he analizado... Me he limitado a no comer... ¡y ya me siento bien!


 Pero se pasa mal, ¿eh...?


–Ja, ja... Si la enfermedad te visita, ¡acógela, abrázala! ¡Haz la paz con ella! No salgas corriendo como loco en busca de un médico, de un salvador... Tu salvador vive dentro de ti. Tu salvador eres tú. Hay que intentarlo no creen?...saludos.  


(Haga clic aquí para ver otra entrevista.)

 

 

 
 

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