Sanar a otros


                                                                                                                                                          


     Nadie cura ni sana a nadie. Las personas resolvemos cuando estamos dispuestas a ello. Cuando queremos de verdad sanar cualquier parte que esté mal de nuestra vida, sentimental, económica, de salud, sanamos, así tengamos que recorrer cielo, mar y tierra para lograrlo.


      Antes de empezar a mandarle instrucciones a todas las personas que usted considere que se van beneficiar con este método, recuerde:


“Consejo no pedido es agresión”


     Esta técnica es completamente inofensiva, usted puede darle instrucciones a quién quiera haciendo el ejercicio como le explico a continuación. Es completamente inofensiva porque se limita a darle instrucciones al alma de la persona, usted puede hacerlo con el nombre de la persona sin conocerla siquiera, no necesita ni la foto. Pero si de verdad entiende esta técnica sólo va a mandarle instrucciones a las personas que se lo pidan.  Si usted actúa a través de su alma, esta es la única forma de ayudar a otros, cuando lo piden. Y ayudar debería ir entre comillas, porque en realidad usted se limita a dar instrucciones.


     Sonría y al hacerlo sienta desde su corazón amor incondicional. El amor incondicional es ese amor por el cual uno daría la vida sin pensarlo. Sienta ese amor y quédese sólo con el sentimiento, con ese sentimiento de plenitud y un poco como de embriaguez y felicidad que es el amor. Ahora siéntalo hacia usted mismo. Y mientras siente ese amor, encienda una luz que nazca desde el centro de su alma (el alma se encuentra energéticamente atrás del corazón), como si tuviera un foco en el corazón y se hubiera encendido al momento que sonrió y sintió amor. Extienda la luz a todo el cuerpo iluminándolo y entibiándolo, que es la temperatura perfecta del cuerpo cuando estamos felices.


     Haga todo esto mientras pronuncia la palabra amar. Puede ser en voz baja, pero no repita la palabra en su cabeza, sino como si el sonido amar saliera de su corazón, como si en el corazón tuviera un micrófono y ahí se escuchara y se percibiera la vibración de la palabra amar.

     Sonría, haga el ejercicio anterior y al mismo tiempo, cuando sienta gozo en su corazón y esté iluminado, ponga en su corazón la imagen o nombre de la persona o personas (porque se puede trabajar en grupos) que quiera que sanen, que resuelvan.


     Poner a una persona en su corazón, es poner su imagen (o nombre) en su corazón en lugar de en su cabeza. Imagínesela sonriendo, feliz y sintiendo ese amor incondicional que usted también está sintiendo y vea como su corazón se enciende, se ilumina desde su alma y su cuerpo se entibia con esa luz y vibra la palabra amar en su corazón y en todo su cuerpo. Todo mientras hace lo mismo. Pero coloque siempre la imagen en su corazón, no en su cabeza.


     Puede dar instrucciones a muchas personas al mismo tiempo, porque puede sentirlos a todos juntos en su corazón, con recrear amor por ellos.


     La luz de la otra persona sale de ella misma, del centro de su corazón o de su alma.


     Nunca sane a nadie compartiendo su luz interior, su energía. Es erróneo visualizar que su luz enciende la luz de otro. Si fuéramos velas y la vela de enfrente se apaga, acercar nuestra flama para encenderla sin duda la enciende, pero quedamos pegados energéticamente. Como si fuera una sola flama uniendo dos velas. 


     Este ejercicio lo único que hace es mandar instrucciones al alma de la persona. Nuestra intención es que la gente resuelva, la palabra es “resuelve”. Pero jamás se recrea el “cómo”, es decir no le resolvamos a la persona ni a nosotros un problema con una solución específica, ni siquiera mentalmente.


  ¿Por qué? Porque nosotros NO sabemos qué necesita su alma para resolver su conflicto. Podemos creer que sabemos lo que necesita y a lo mejor estamos acertados, pero no es asunto nuestro. Lo único que debemos hacer es pedirle que unifique su alma, ella sabrá qué hacer a partir de ese momento, mejor que nadie. Dejamos que actúe el Dios que habita el alma de cada quién; si le decimos cómo, coartamos la libertad del alma.


    La energía del alma sólo puede actuar si está unificada. Fragmentada no tiene fuerzas para nada y es víctima de su entorno. Aprendemos a vivir así, fragmentados, víctimas de nuestro entorno. Echándole la culpa de nuestra infelicidad a todo lo que pasa a nuestro alrededor.


     Haga el ejercicio todos los días y tome las riendas de su vida dejando que su alma, que es más sabia que todos porque es Dios en usted, actúe. Y déle a los demás la libertad y la oportunidad de hacer lo mismo.



                                           

 

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